martes, 27 de junio de 2017

                                              Jóvenes   Flamencos


          



          Algunos aficionados y practicantes flamencos "antiguos" ( lo señalo entre comillas, porque algunos intentan estar al día con las nuevas tendencias) siguen con esa reserva; con la preocupación de que el flamenco auténtico pueda desaparecer algún día por culpa de esa fusión.

          Pero, lo cierto es que el flamenco no es ciencia; no hay una regla estricta; no es lo mismo que siempre fue, ni será lo mismo que es. En todas las épocas ha habido más o menos evolución.

            
        ¿Cuándo comenzó todo? ¿Qué influencia tuvo la música extranjera con la nuestra? ¿Qué desembocó a la Fusión Flamenca?. 
          
          Son preguntas en las que tendríamos que remontarnos muchos años atrás para poder analizar lo que propició el impulso que tuvo esa "unión". 
          
          Tanto fue así que desembocó en un mestizaje tal que los puros acérrimos tuvieron que transigir al poco interés que la juventud tenía en ellos. Y para que el flamenco no fuese sólo de unos pocos, no pusieron mucha oposición, aunque sí con recelos.
          
          Y así fusionaron el flamenco con el Rock, el Jazz, el Funk, el Soul, etc.
          
          Uno de los primeros que fusionaron el Flamenco con el Rock fue el grupo Smash. Junto con Las Grecas ( Carmela tuvo que teñirse el pelo de morena porque en aquella época no estaba muy bien visto una gitana rubia) y  junto con Bambino y Enrique Montoya - éstos dos últimos eran únicos en su estilo -  fueron quizás los que más repercusión tuvieron en aquella época.

          Y llegó Camarón y revolucionó a todos, en especial su "Leyenda del Tiempo" en la que la mayoría de los jóvenes apostaron por el Nuevo Flamenco.
       
          Paco de Lucía fue el que vino de otra galaxia y causó tal admiración, que todos se pusieron a estudiar como locos; querían  parecerse a él y empezaron a cruzar la pierna... 

          Él fue también el que introdujo otros instrumentos de acompañamiento, como el bajo eléctrico, la percusión, el saxo...

          Un verdadero artífice que dio a conocer el flamenco a nivel mundial. "Entre dos aguas" tuvo un efecto transcendental; consiguió atraer la atención de un público no muy interesado al flamenco. Y el mundo empezó a disfrutar.

          
          Quizás dentro de unos años pasará lo que pasó hace otros. Camarón y Paco de Lucía fueron muy criticados y casi crucificados por los ortodoxos por la innovación de su música, rompiendo todos los esquemas, todos los conceptos y reglas del flamenco. Lo mismo pasará con estos nuevos artistas, que dentro de unos años algunos serán casi idolatrados.         

          Enrique Morente, vanguardista, innovador y excéntrico músico. "La estrella" fue la que más famoso  lo hizo.

          El grupo Triana, aunque no fueron flamencos, sí tuvieron la capacidad de fusionar el Rock progresista con el flamenco a nivel nacional. Quizás la canción que los llevó a la cima fue "Abre la puerta".


          Ketama fue un grupo revolucionario, dieron lugar a una nueva forma de expresión e inquietudes de la movida madrileña de la época. Todos sus miembros venían de familias de artistas; El ritmo y el compás ya lo traían de fábrica; solamente tenían que componer. José Soto (quizás el que más culpa tuvo del éxito) junto con Ray Heredia y Juan Carmona ( al que luego se unió su hermano Antonio) fueron sus miembros.


        No me quiero dejar en el tintero a los Gipsy Kings, que a pesar de la crítica de los puristas del flamenco, hicieron que el  Flamenco Pop llegara a lo más alto a nivel mundial con 60 millones de discos vendidos. Sus canciones más conocidas fueron: Djobí Djobá y Bamboleo.


          Lole y Manuel también dieron un gran vuelco a la pureza: El flamenco "light" gustaba. "El nuevo día" empezó a resurgir entre la juventud.


          Camela, uno de los grupos con más ventas en España, sobre todo en las gasolineras, en las que nunca faltaba una cinta de ellos.


          También colaboraron en este movimiento y pusieron su granito de arena para llevar a buen funcionamiento el Nuevo Flamenco...  Raimundo Amador, Navajita Plateá, Mártires del Compás, Azúcar Moreno, Kiko Veneno, Pata Negra, El Barrio, etc. 

          Tampoco debemos olvidarnos de otros instrumentos como el piano flamenco, el cual nos dio grandes intérpretes tales como: Arturo Pavón (que fue el impulsor; el primero en incluir el piano al flamenco), Campuzano, José Romero, Chano Domínguez, Dorantes, Diego Amador y Pedro Ricardo Miño ( no se pierdan la bulería que interpreta junto con Anoushka Shankar tocando la cítara, otro instrumento más que se suma).




https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=TlGYnpNRfBE



      


        




martes, 18 de abril de 2017

Flamenco

        



          Según leí una vez de no me acuerdo dónde y de no me acuerdo quién, dijo un erudito: "El flamenco es la síntesis lenta e imbicada de un proceso de alambicación" 

          Yo en particular con estas cosas no puedo; me cuesta mucho trabajo entender cómo se puede ser tan rebuscado. Y llego a más, esas palabras ni siquiera están registradas en la RAE, pero queda muy bien.

          Otros han llegado a afirmar que fue "La esbelta silueta, larga de pierna y sucinta de talle, de los cantaores de los siglos XVIII y XIX  -por alguna forma comparable a la zancuda flamenca-". 
          
          ¿Es que los cantaores de aquella época tenían todos las piernas largas?

          Y para terminar con comentarios de iluminatis... que incluso han ofrecido pruebas suficientes para la negación rotunda de que el primigenio origen sea hebreo. Y yo digo...¿Se puede estar tan seguro que los hebreos sefardíes no tuvieron nada que ver con el flamenco? 

          No, no se puede ser tan transcendental.

          
                     https://youtu.be/ph05voAijaM

         
           La verdad es que después de leer tantos pareceres y suposiciones, uno se queda pensando si en realidad llevan razón o simplemente su razón. 

          En cualquier caso nunca se ha llegado a una conclusión exacta del origen. Los académicos que lo han analizado y estudiado hasta la saciedad tampoco han llegado a ciencia cierta a la procedencia.

          Al igual que el flamenco ave es gregario, el gitano vive en familia; necesita por tanto pertenecer a un grupo social estable. La familia es piedra fundamental y la comunidad es más importante que el individuo. El flamenco es inherente al gitano y sobre todo a Andalucía, llegando a través de un mestizaje cultural de muchas razas diferentes. 

          Por tanto, no es de extrañar que los moriscos cuando son expulsados, encuentren en los gitanos andaluces esa hospitalidad que les caracterizan, acogiendo a todos los perseguidos y mezclándose entre ellos. Los labradores huidos (felah-mengu). Y practicar con ellos sus cantes y sus ritos. Y puede ser que  empiece el germinarse esa unión. Estos músicos errantes se llamaban a sí mismos romá y se cree que al final procedían de Europa oriental. Pero al estar en continua peregrinación se extendieron en grupos por todas partes. Quizás también pudiera provenir de Egipto; egipcianos o gypsies, y al final desembocó en gitano.

          La atracción que ejerce el flamenco es innegable; es la imagen de España en el mundo. Es una fuerza, sentimiento y pasión que nadie puede explicar. 

          El japonés o japonesa es atraído por esta singular música nuestra, quizás porque su analogía es muy parecida o simplemente química. En particular yo los veo muy diferentes a nosotros. Ellos son más disciplinados, estudiosos y aplicados. El mismo gobierno japonés, a través de su agencia de cultura es el que financia a los alumnos que vienen a estudiar flamenco. Hay más academias en Tokio que en toda España.
          
          La mayoría de los españoles se sienten muy poco identificados con el flamenco en comparación con otros movimientos. 

          ¿Por qué viene tanta gente a aprender flamenco? ¿Qué influye?¿Y por qué es tan minoritaria nuestra música en España siendo la representación cultural más importante?

           
          El flamenco es un misterio y para buscarlo no existe ningún mapa.

          Y llegaron los reyes católicos...sobre todo católicos. Y llegó Hitler...el Samudaripén.
           
           Dos épocas... dos holocaustos. 
           
           Hasta en la dictadura franquista se prohibía el habla gitano por ser una jerga delincuente. 

          
          Pero esto es otra historia...

          
       




lunes, 6 de marzo de 2017

Y al otro lado...tú.

                                 
     
                                        


          Estaba de pie junto a la ventana de su cuarto, unas gotas finas de lluvia comenzaron a caer...veía cómo  resbalaban sobre el cristal dejando un estampado de perlas que regateaban buscando a otras hermanas. Su cuerpo estaba inerte; incapaz de reacción alguna.

           Tal vez pensaba con nostalgia en aquella otra vida, en la que inquieto imaginaba recordando...o acaso lo pretendía. Se convencía que no era del todo posible; algo le impedía ver su imagen con nitidez.

          Ahora se acomodaba a lo que fuera deparándole las circunstancias. No le apetecía la idea de salir de casa, pero al ver que ya no llovía, decidió hacerlo en el último suspiro.

         Andando fue sin rumbo; sin tener un punto determinado donde ir. Así estuvo deambulando  durante largo rato,  sin saber cómo, se adentró por unos callejones tan estrechos que casi se podían tocar las paredes opuestas con los brazos extendidos.

          Enseguida una plaza, pero no una plaza cualquiera, era como un enorme patio, no había fuente ni adornos. Tan sólo un banco donde sentarse, al hacerlo fue entonces cuando observó que la plaza era como un rectángulo lleno de arcos, y que cada arco estaba sostenido por dos columnas de mármol de arquitectura ambigua entre romana y gótica. Demasiado rico para convento, demasiado callado para escuela.

          Podría ser casa particular si no fuera por el número de puertas. Ninguna familia por numerosa que fuese tendría necesidad de usar tantas.

          Podría se museo de no sé qué arte o artesanía, pero hay demasiada luz natural. Los museos prefieren la penumbra.

          Absorto en una nube imaginaria de su mente estuvo allí sentado en aquel solitario banco durante mucho tiempo, observando aquella plaza, aquella arquitectura, aquel rincón, sin saber siquiera cómo había llegado hasta allí, qué le condujo a ese lugar. Se dio cuenta que se levantó, pero sus pensamientos quizás estuviesen en otra dimensión.

          Empezó a andar camino hacia su casa, sin prisa alguna. Hasta hubo un instante en que confundió el lugar de regreso. Por fin llegó, se acomodó en el sillón, encendió la televisión. La miraba pero no la veía, es como si no estuviese, era como un espejo en el que se reflejaba su alma.

          De pronto recordó que un amigo le dijo que si alguna vez se sentía sin ánimos o algo triste, que intentara entrar en una sala de esas de charlas por internet, que así pudiera no sentirse tan solo.

          Casi sin querer, como un pasatiempo más, un..."A ver qué pasa". Y todo empezó con un: "Hola" y poco a poco fue convirtiéndose en frases algo más dilatadas; las conversaciones se volvieron más extensas e intensas.

          Llegaron a ver sus caras y sus voces a través de una cámara, pero aún notaban que la sensación no producía el suficiente calor; no sentían esa emoción; sabían que faltaba algo, anhelaban ese "algo" que avivara y motivara ese empuje para romper el desasosiego que sentían.

          Decidieron que tenían que verse, aunque la distancia era grande, pero cuando hay deseo...no importan lo largas que sean, lo importante era la presencia física.

          Y llegó el día...

          Se citaron en un parque en el cual había gente por todos lados, niños correteando...y la vio venir. ¡Guapa! - pensó - el corazón le latía a revoluciones que nunca antes había sentido, sus miradas se encontraron y se dieron un beso, en ese momento el ruido de gente y niños jugando había cesado; ya no estaban en un parque...estaban en la gloria. 

          Tantas cosas que se habían dicho, tantas cosas que decir, que...no se dijeron nada. Estuvieron observándose durante varios minutos, no querían romper la magia del momento.

          Y la llevó a esa plaza y se sentaron en ese banco...y cuando empezaron a hablar ya no hubo manera de que parasen de hacerlo, todo eran lisonjas el uno hacia el otro, el timbre de su voz para él era pura música celestial, así estuvieron horas y horas hasta que la noche se les echó encima y ...

          
          Pero esta historia es común de otras muchas, quizás sea la tuya...




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lunes, 16 de enero de 2017

El taller de flamenco

       



          La primera vez que vi eso de "Taller de Flamenco" me quedé algo confuso. No sabía si era un sitio donde se podía arreglar unos trastes de guitarra o unos volantes de un traje de flamenca. 

          Había una época en la que cuando alguien quería aprender flamenco, se iba a un maestro. No había muchos, pero eran buenos docentes, los cuales, - cuando un alumno destacaba mostrando interés por aprender, - se esforzaban aún más en enseñar.

         Mi maestro fue Antonio López Buzón, más conocido por Antonio Osuna.  Fue el primero que me guió por el camino de la guitarra flamenca. 

          Me hace gracia algunos "investigadores" que  distorsionen tanto la historia;
tirando de archivos en los que otros "flamencólogos" escriben copiando a otros tantos. Y raras veces aciertan. Antonio Osuna no vivía en el Cerro del Águila, como dicen algunos. 

          Fue en la calle Campamento de San Bernardo en Sevilla donde tres veces por semana recibía sus clases durante los tres meses que estuve con él. Conmigo se "mosqueaba" un poco, pues decía que cogía muy ligero las falsetas. A casi todos les ponía una falseta por clase y a mí tenía que ponerme dos. Claro que en aquellos años de juventud me llevaba todo el día practicando.  De él también aprendí que no hay que enseñar el pulgar de la mano izquierda; cada vez que me lo veía, chorlito gordo que me daba en el dedo. De sus clases salieron muy buenos guitarristas.

          Tenía un toque muy flamenco, un buen pulgar; quizás por ello le decían el Peana. Aunque nunca escuché ese alias hasta muchos años después.

       "La Academia de Baile", en la cual, el guitarrista si no lo llevaba ya en la sangre, era donde aprendía a tocar para el baile y al mismo tiempo para el cante: "El Compás". 

         En poco tiempo se aprendía sin ir al conservatorio, sin necesidad de saber lo que eran compases binarios o terciarios. A base de repetir una y otra vez soleá, alegrías, tangos, bulerías, tarantos, etc. Aquello que aprendí de Antonio Osuna, lo podía expresar de la teoría a la práctica.

          No hace mucho tiempo, pasaba por la calle y escuché como golpes acompasados. Me llamó la atención y entré en una casa que se encontraba abierta, tenía largos corredores y algunas puertas y de una de las cuales se oían esos golpes... me asomé por una ventana que había y vi a una persona vestido todo de negro, con chaleco, con patillas largas, sombrero negro y un bastón golpeando el suelo entarimado...TÁ,  ta,  ta, TÁ,  ta,  ta,  TÁ,  ta,  ta, TÁ. Cinco o seis mujeres taconeando (creo que todas guiris) TÁcatacatacaTÁcatacatacaTA. Asomado a aquella ventana estuve cuatro o cinco minutos viendo el panorama y nunca cambió el ritmo ni el compás.

           Me fui pensando que tal vez aquello fuese una clase de flamenco, quizás mi mente se hacía un juicio apresurado de la situación, quizás era así la nueva enseñanza. También iba pensando que en aquella clase faltaba estímulo incondicional; aquellos movimientos corporales estaban automatizados.

          El flamenco siempre se ha caracterizado como una expresión inmaterial, es algo inexplicable...tiene que salir del alma.

          

          





  

martes, 10 de enero de 2017

La velocidad del tocino



          Ya estaban algo mayores, pero aún se valían por sí mismos.

           Aunque él en la cocina era completamente nulo, siempre estaba dispuesto a echar una mano a su mujer. 

          Ella tenía tanta energía y actividad que a veces daba hasta miedo estar a su lado.
       
          La noche anterior dejó los garbanzos en remojo con mucha agua. Y le dijo a su marido:

          - Te quedas pendiente del cocido, que voy al pescadero a ver si llego temprano para tener la cena esta noche. 

          Ella ya lo tenía todo preparado; había echado en la olla todos los ingredientes; la carne, el pollo, el tocino, el chorizo, la morcilla, etcétera... y le dijo:

          - Ve quitando la espuma que vuelvo enseguida.

          Él, viendo al lado el tocino tan tierno que tenía en un plato, fue a darle un mordisco y se le escurrió tan rápido, que no le dio tiempo a echarle mano cuando ya el tocino tomó tal velocidad, que desde la cocina se encajó en la puerta de entrada en un santiamén. Del zaguán salió a la calle, justo en el momento que llegaba ella de la pescadería. 

          Vio al marido que iba muy apurado queriendo atrapar al tocino que ya se encaminaba hacia la plazoleta. 

          Los pájaros revoloteaban alrededor del único árbol que quedaba en pie. Cuando vieron aquel manjar pasar delante de ellos tan rápido, no dudaron en ir a por él.

          Pero ella, llegó antes que él a la plazoleta y... como también había comprado el pan, al mismo tiempo que corría le iba echando migas a los pájaros. De tal forma que no sabían si ir a por el tocino o ir a por las migas. 

          Momento en que ella aprovechó para atrapar al tocino que ya se encaminaba hacia una alcantarilla.

          El marido que llegaba detrás casi corriendo, le dio tal empujón que el tocino cayó de nuevo al suelo. Un coche que pasaba en ese instante, se llevó con la rueda la mitad del tocino. La otra mitad salió disparada hacia un balcón en la que habían dos mujeres viendo toda aquella escena.

          Se miraron sorprendidas y le dijo una a la otra:

          - ¡Ea, ya tenemos el tocino pa la pringá!

          Quisieron coger en vuelo lo que quedaba del tocino, con tan mala suerte que el gato que tenían se olió la "tostá" y de un salto atrapó el tocino, pero en el vuelo no previno la caída. 

          Los pájaros que quedaron viendo todo lo que se formó en un momento en la plazoleta, vieron como un gato se les venía encima. 

          El gato que entre el tocino y los pájaros prefería a estos últimos; soltó el tocino que llevaba entre las uñas y de nuevo se vio en la plazoleta a merced de sus dueños, que no daban crédito de ver cómo pasaba de un lado hacia otro.

          Los dos fueron a por el tocino, al mismo tiempo que se les resbaló de las manos y se escurrió de nuevo. 

          Esta vez tomó una calle adoquinada y algo mojada, con lo cual el tocino tomó aún más velocidad. 

          La gente que estaban en los bares salían a la puerta viendo que lo que parecía un ratoncillo blanco, no era otra cosa que un tocino.
        
           - ¿Habéis visto el tocino la velocidad que lleva? - se decían unos a otros.

          Al final, volvieron a casa y se comieron la pringá sin el tocino.

          Nunca más se supo de él; no se sabe si los pájaros, el gato, o fue una alcantarilla quien se lo tragó, lo cierto es que... fue tierno mientras duró.

          Y es que se dice: "No tiene nada que ver el tocino con la velocidad"

          Pero en este caso que hemos visto en concreto, sí tiene que ver...

          Y mucho.

          

viernes, 6 de enero de 2017

La cama de los cuentos






     Era un día como otro cualquiera de otoño. Caía una fina lluvia, pero no hacía frío.

        El bosque tenía un color entre rojo, verde, amarillo y naranja. El camino parecía un manto de todos esos colores.


        A lo lejos se veían dos puntitos negros y cada vez se acercaban más a un árbol. En una de sus ramas había un saltamontes que no quitaba ojo a los dos puntitos. Veía cómo se movían, hasta que se convirtieron en dos hormiguitas y que justo al llegar al árbol donde estaba Saltarín - que era como se llamaba el saltamontes - se pararon. 


        Había un gran charco de agua, que para las hormiguitas era como si fuese un rio.


        - ¡Por aquí no podemos cruzar, tenemos que dar un rodeo muy, pero que muy grande! - le dijo Espiga a Ortiga, que así se llamaban las hormiguitas.


        Saltarín que lo estaba oyendo todo, bajó del árbol de un salto y les dijo:


        - ¡Hola! Me llamo Saltarín...¿Queréis que os lleve al otro lado?


        - ¡Síiiiiiiiiii! - respondieron las dos al mismo tiempo.


        - Pues subiros a mi cabeza y agarraos bien fuerte, que voy a dar un salto enorme para cruzar a la otra orilla.


        El salto que dio fue tan espectacular, que no solamente cruzó el charco, sino que también llegó a un montículo que estaba cerca, y de allí dio otro salto más que llegó a la cima de una montaña, y desde allí otro más grande aún que llegaron a un arco lleno de flores de colores.


        Los tres se quedaron muy sorprendidos de ver tanta belleza, tanto color.


        Había muchísimas flores. Margaritas, campanillas, tulipanes, claveles, rosas...


        Y andando, andando por ese puente de colores, a lo lejos vieron un enorme castillo y siguieron caminando hacia él.


        Había una puerta con dos centinelas. Cuando llegaron a ellos dijeron:


        - ¡Hola! ¿Quienes sois?


        - ¡Somos los guardianes del Arco Iris! ¿Y vosotros, quienes sois?


        - ¡Nosotros somos Espiga, Ortiga y Saltarín!


        - ¿Y cómo habéis llegado hasta aquí?


        - Pues estábamos intentando cruzar un gran charco de agua y Saltarín se ofreció a ayudarnos, nos subimos a su cabeza, fue dando saltos y más saltos, hasta que...llegamos aquí.


        - ¡No podemos dejaros pasar sin la contraseña!


        - ¿Y cual es? - preguntó Ortiga.


        - ¡No os la podemos decir!


        - Entonces si no la puedes decir y nosotros no la sabemos...¿Cómo vamos a entrar?


        - Pues muy sencillo, habéis venido por un camino lleno de flores ¿verdad? pues en una de sus flores hay un papel con una adivinanza. 


        - Tenéis que buscarlo y encontrar la solución para saber la contraseña.


        Emprendieron la marcha otra vez, pero ahora hacia atrás; por donde habían venido, parándose a buscar entre las flores.


        Al cabo de un buen rato buscando, fue Espiga la que encontró el papelito.


        - ¡¡ Aquí estáaaaaaaaaaaaa  !!


        - ¡A ver...! ¿Qué pone? -dijo Ortiga.


        - Pues dice: "Tengo una gran sombrilla, me buscan por sabrosa, pero atención, tened cuidado que puedo ser venenosa"


        - ¡Hummmmm!...¿Qué podrá ser? - dijo Espiga toda intrigada.

        De pronto Saltarín dijo: ¡¡Ya lo tengo!!


        - ¿Qué es, qué es? - preguntaron las dos al mismo tiempo.


       - ¡Pues, ya la diré cuando llegue el momento! -dijo Saltarín, dejando a los demás con la intriga, pero muy contentos porque ya no tenían que buscar más.


        Camino de vuelta al castillo, habiendo encontrado y resuelto la adivinanza, iban  cantando y saltando pero... cuando quisieron darse cuenta, se habían perdido.

        - ¡Claro! - dijo Ortiga - Ahora parecen las flores más altas y no se ve el camino.

        - ¡Síiiiii! - dijo Espiga - Creo que con la lluvia han crecido.

        Saltarín - que llevaba a Ortiga y a Espiga en su cabeza - cada vez daba los saltos más grandes para ver más a lo lejos, por si veía el castillo.

        Pero, en cada salto que daba se desviaba más del camino, y en uno de los saltos fue tan grande que se salió del puente de flores y cayeron al vacío.

        Iban cayendo y cayendo cuando de pronto sintieron que pararon de caer, y además en un sitio muy blando, lleno de pelos. 

        Era un abejorro gigante que pasaba por allí, que al sentir el impacto, perdió el equilibrio y empezó a caer en picado. 

        Saltarín, Espiga y Ortiga se agarraron bien fuerte para no caer de nuevo al vacío.


        Cuando Abelardo - que así se llamaba - recuperó de nuevo el vuelo, dijo: ¿Qué fue lo que me cayó encima? 


        - Somos dos hormigas y un saltamontes. ¡Menos mal que pasaste por aquí en el momento oportuno!


        ¿Pero, qué es ese ruido tan grande? - dijo Ortiga.


        Era el zumbido de Abelardo. Era tan grande que hasta el puente de las flores se tambaleaba. Cada vez se acercaba más hacia el puente para dejar su carga allí, pero cuanto más cerca estaba, más se movía el puente. Parecía que iba a derrumbarse.


        Los tres dijeron: ¡Abelardo no te acerques tanto!...¡baja, baja!


        Abelardo empezó a volar hacia abajo, hasta que se posó en un campo de trigo.


        Saltarín con un gran salto, bajó del abejorro gigante. Espiga y Ortiga, que aferradas a su cabeza ya iban casi sordas de tanto zumbido.


        - Bueno... - dijo Abelardo -  me voy que mi familia me está esperando. Hoy nos reunimos en el gran enjambre todos los abejorros del valle. ¡Adiós amigos!


        - ¡Adiós Abelardo, y gracias por todo! 


        Se fue con un zumbido aún mayor que antes. 


        Espiga, Ortiga y Saltarín  se taparon los oídos para no quedar sordos.


        - ¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo vamos a subir al puente otra vez? - dijo Espiga.


        - ¡Desde aquí abajo se ve muy alto! - dijo Ortiga algo decepcionada.


        - ¡Sí,  más que un puente, parece un arco! - dijo Espiga asombrada.


        Vieron que cerca había un gran árbol y que sus ramas casi llegaban al puente.


        A Saltarín se le ocurrió una idea...


        - ¡Vamos a trepar por el árbol y cuando lleguemos a la última rama daré un gran salto y así podremos llegar hasta el puente! ¿Qué os parece? 


        - ¡¡Biennnnn!! - dijeron Espiga y Ortiga - 


        Y empezaron la aventura hacia el árbol...

          De camino hacia el árbol tropezaron con una piedra, y de ella salió muy enfadado un ciempiés que dijo:


        - ¿Quién se atreve a interrumpir mi siesta?


        Al verlo tan enojado, Saltarín dio un salto a la piedra dejándola atrás.


        - ¡¡Ufff!! - dijo Ortiga -


        - ¡Pensé que nos iba a dar un bocado con esas terribles mandíbulas! - dijo Espiga -


        - Menos mal que rápidamente di el salto, porque algunos ciempiés son venenosos - Dijo Saltarín -


        Siguieron andando hacia el árbol que al principio parecía que estaba más cerca, pero vieron que no era así. 


        Cuando ya estaban en las raíces para empezar la subida se les acercó un pequeño conejito que les preguntó: ¿Dónde vais por aquí?


        - Pues tenemos que subir hasta arriba del árbol. ¿Te vienes con nosotros?


        - ¡Ummmm! ¡Ya me gustaría tener una aventura!, pero no puedo. No soy muy buen trepador y solamente llegaría a pocos metros, además... papá y mamá me estarán buscando y antes que sea de noche tengo que estar en casa.


       - ¡Deseo que tengáis suerte con vuestra aventura!


        El conejito se alejó dando saltitos y se perdió de vista.


        Prosiguieron su lenta caminata hacia arriba...


        De pronto recordaron las palabras del conejito que les dijo que se iba a hacer de noche, así que se dieron un poco de más prisa en subir, pero...el sol ya se escondía tras las montañas que se veían a lo lejos.


        En poco tiempo quedaría todo oscuro. Pensaron que lo mejor sería pasar la noche en uno de esos agujeros que había en el árbol. Así lo hicieron, se metieron en el primero que encontraron, pero al entrar notaron algo en el interior, mucho movimiento.  


        - ¿Quién se atreve a entrar en nuestra casa sin llamar?


        - Perdonadnos, solamente queríamos pasar la noche.


        - Somos más de cien larvas de mariposa. Como veis con tanto movimiento no se puede dormir nada, además... no cabéis. Así que iros a buscar otro agujero.


        Siguieron trepando y trepando hasta que encontraron un hueco grande. Entraron en él y dentro había dos ardillas durmiendo, que al oír el pequeño ruido que hacían se despertaron y dijeron:


        - ¿Qué pasa, qué pasa? ¿Quienes sois?


       - Somos un saltamontes y dos hormigas que queremos pasar la noche aquí si nos dejáis.


        Como no vieron peligro alguno, las ardillas aceptaron que pasaran la noche allí.


        - Nosotros somos Patilla y Cerilla y podéis quedaros a dormir aquí, pero mañana tenéis que iros porque tenemos visita. Vienen unos primos de muy lejos, y para festejar su llegada les tenemos preparado un montón de frutos secos que hemos ido recogiendo estos días.


        Quedaron dormidos los cinco al momento. 


        Espiga sintió de pronto un calorcito en una de sus patitas. Era un rayo de sol que estaba entrando en ese momento por el hueco donde ellos dormían. Se levantó y despertó a los demás, que se iban levantando perezosamente, pues estaban algo cansados del día anterior.


        Patilla y Cerilla también lo hicieron y se despidieron de los nuevos amigos.


        - ¡Adiós! ¡Aquí tenéis un refugio para cuando queráis volver de nuevo!


        - ¡Gracias! - repitieron los tres - ¡Sois muy amables!


        Siguieron trepando hasta que llegaron a la última rama del árbol y...


           Saltarín dio un salto tan grande que llegó hasta el arco de las flores. De nuevo estaban otra vez en camino. 


        Faltaba ya poco para llegar al castillo, cuando vieron que algo se movía.  Parecía como una piedra redonda. Era un erizo que al sentir la presencia de ellos, se enrolló para que no le hicieran daño. 


        - ¡Hola! ¿Quién eres? - le preguntaron con cara de asombro.


        Fue entonces cuando el erizo se desenrolló y dijo:


        - ¡Hola! Soy un erizo y me llamo Espín. No tengáis miedo por mis púas, sólo las utilizo si me siento amenazado o me atacan. ¿Dónde vais?


        - Pues nos dirigimos hacia el castillo que hay al final del arco de las flores.


        - ¿Puedo ir con vosotros? ¡Me encantan las aventuras!


        - ¡Vale, pero no te acerques mucho Espín, que puedes pincharnos con tus púas!


        Ya eran cuatro los personajes que iniciaban de nuevo el camino hacia el país del Arco Iris. Cuando llegaron hasta la puerta, seguían allí los dos centinelas y les volvieron a preguntar:


        - ¿Sabéis ya la contraseña?


        - ¡Sí, la sabemos! Bueno... nosotras no, pero Saltarín sí la sabe - dijeron las hormigas.


        - Pues ahora no me acuerdo - dijo Saltarín - ¿Quién de vosotras guardó el papel con la adivinanza?


        - ¡Yo!  la tenía enrollada en una de mis patitas - dijo Espiga muy emocionada.


        - A ver, vamos a leerlo de nuevo para recordar la respuesta.


        "Tengo una gran sombrilla, me buscan por sabrosa, pero atención, tened cuidado que puedo ser venenosa"


        - ¡Ya me acuerdo! - dijo Saltarín muy contento - es...es...la contraseña es...¡¡¡La Seta!!!


        Los centinelas se miraron uno al otro y dijeron: 


        - ¡Bien, es correcta, podéis pasar al reino del Arco Iris!

        
        Abrieron la gran puerta y pasaron dentro. Iban con algún temor y mucha emoción, pues no sabían lo que podían encontrarse. Habían oído decir maravillas del país del Arco Iris, pero una cosa era oír y otra cosa era verlo. 

       - ¡Oh, qué grande es el castillo! - dijo Espín, que tenía ya sus púas preparadas por si acaso.


        - ¡Sí,  y qué salón más largo! - dijo Ortiga asombrada.


        Empezaron a caminar hacia lo que parecía un trono, cuando de repente un grupo de ratones blancos los rodearon y los llevaron hasta donde estaba la princesa. Que era una ratita muy bonita.


        Espín estaba muy nervioso, las púas se le pusieron más grandes.


        Saltarín se puso delante de él y le dijo: ¡Tranquilízate, vamos a ver qué quieren de nosotros!


        Cuando llegaron a dos metros de donde estaba la princesa, los ratoncitos mandaron parar a los visitantes y se pusieron a ambos lados de ellos.


        Fue entonces cuando Irina - que así se llamaba la princesa - dijo:


        - Bienvenidos al país del Arco Iris. Habéis hecho una larga caminata y seguramente estaréis algo cansados. Reposad un poco y luego más tarde, contaremos con vuestra presencia para la comida. También estarán mi padre el rey Baikor, que como buen lirón que es, se lleva la mayor parte del día durmiendo y mi madre la reina Aisha, es una marmota y también duerme mucho; me llevo la mayor parte del tiempo muy aburrida si no fuese por mis ratones, que hacen mucho por divertirme.


       - ¡Pérez, - que era el jefe de los ratoncitos - acompaña a nuestros invitados a sus habitaciones!


        Se fueron los cuatro a las habitaciones que el ratoncito Pérez les indicó.


        Cuando se quedaron solos, Espiga dijo: ¿No os parece algo sospechoso tanta amabilidad?


        - ¡Anda, no seas tan miedica, que siempre estás pensando en que algo malo va a suceder, tienes que ser positiva! - dijo Ortiga regañándola.


        - ¡Vamos a descansar un poco y luego a lavarnos para que nos vean guapos! . dijo Espín.


         Ya estaban listos para ir a la comida.


        El ratoncito Pérez llamó a la puerta y cuando abrieron les dijo:


        - ¡El rey Baikor, la reina Aisha y la princesa Irina os esperan en la gran sala!


        Salieron y caminaron detrás del ratoncito por unos pasillos muy largos. A ambos lados de las paredes colgaban candeleros en los que habían muchas velas encendidas, pues en el castillo no había electricidad. Por todas partes que iban andando veían candeleros con sus velas, en las paredes, en los muebles, en las escaleras, colgando en los techos, por todos lados.


        Saltarín se dio cuenta que una escolta de ratones les seguían los pasos y lo comentó con sus amigos. 


        - ¿Veis? - dijo Espiga - Os dije que tanta amabilidad era algo sospechosa!


        - ¡Que no pasa nada, sigues siendo una miedica como siempre! - le dijo Ortiga regañándola.


        Los dejaron en presencia del rey Baikor, la reina Aisha y la princesa Irina, que ya estaban sentados en la gran mesa.


        - ¡Sentaos y comed con nosotros! - les dijo el rey.


        Les habían preparado una suculenta comida. Había ensaladas, quesos, huevos, aceitunas, galletas...y mucha fruta.


        Cuando ya quedaron más que satisfechos de tanta comida, dieron las gracias y dijeron que tenían que marcharse.


        Se despidieron de los reyes y los tres les hicieron un regalo. Y cada uno tenía vida propia.


        El rey Baikor les regaló una linterna mágica.


        La reina Aisha les regaló unos sombreros de colores.


        Y la princesa Irina les regaló una brújula para que no se perdieran por el camino de vuelta. 


        Cuando se dirigían a la salida del castillo vieron que seguían allí los mismos centinelas que cuando entraron y les dijeron:


        - ¡No podéis pasar sin la contraseña de salida! - dijeron los centinelas.


        - ¿Es la misma de antes al entrar o es nueva? - dijo Saltarín.


        - No, no es la misma; esta es otra contraseña, y dice así:


        "Te digo y te repito y te vuelvo a contar, por más que te diga, no lo vas a adivinar"


        - Es una adivinanza en la que si no la sabéis, la solución se encuentra en una de las miles de velas que hay en el castillo. Pero recordad una cosa... mientras la vela arda, la solución no se os dará.


        Se fueron todos a buscar la vela que contenía la solución a la adivinanza. 


        Espin dijo: ¿Qué habrán querido decir con eso de que mientras la vela esté ardiendo no sabremos la solución?


        - No lo sabremos hasta que vayamos apagando una a una las velas del castillo hasta que encontremos la que tiene la solución - dijo Saltarín, que parecía el más listo.


        - ¡Hay miles de velas y nos llevará muchos días para encontrar la contraseña! - dijo Ortiga.


        - Pues empecemos cuanto antes y para no perdernos yendo cada uno por un pasillo distinto, creo que lo mejor es que estemos unidos. - propuso Espiga.


        Y así lo hicieron, fueron todos juntos por el primer pasillo que encontraron e iban apagando todas las velas que se iban encontrando encendidas. Conforme apagaban velas iban dejando el pasillo a oscuras detrás de ellos.


        Cuantos más pasillos recorrían y más velas apagaban más oscuridad iban dejando atrás.


        Ya estaban algo cansados de apagar tantas velas, apenas les quedaban ya aire en los pulmones para soplar. 


        Espín tuvo una idea... ¡ Apartaos! - dijo.


        Y empezó a lanzar púas como si fueran dardos, con tan buena puntería que iba apagando las velas. Apagó más de treinta en un momento hasta que se quedó sin púas, pero en ninguna de ellas encontraron la solución.


        Se iban quedando cada vez más a oscuras hasta que de pronto...


          Vieron un gran resplandor que salía por debajo de una de las puertas, la abrieron pensando que allí encontrarían muchas velas encendidas. Cual fue su sorpresa que la luz que   iluminaba la habitación era por la cantidad de dientecillos diminutos que había, parecían perlas.


        Cada uno guardó varios dientecillos, pero cuando salieron de la habitación, dejaron de iluminar; ya no tenían ese resplandor y ese color.


         Ahora tenían en sus manos algo que parecían piedrecitas negras y que se iban desmoronando poco a poco.


        Miraron de nuevo hacia atrás y no se habían dado cuenta antes, la puerta tenía escrito un nombre...ratoncito Pérez.


        Dejaron  atrás la habitación mágica y se encaminaron de nuevo por los pasillos para ir apagando velas. Cada vez todo estaba más oscuro y a nadie se le ocurría cual sería la solución a la adivinanza que los centinelas propusieron. 


        Todos coincidían en que la adivinanza era muy difícil. 


        Siguieron apagando velas y la solución no llegaba en ninguna de ellas. Ya quedaban pocas estancias por visitar y pocos pasillos por recorrer. 


        De pronto Espín dio un salto de alegría, había descubierto "La Vela" que cuando la apagó, del humo que echaba, claramente se podía leer: "El Té".


         Era la solución a la adivinanza.

  
        - ¿Cómo no se nos ocurrió antes? - dijo Saltarín.

        "Te digo y te repito y te vuelvo a contar, por más que te diga, no lo vas a adivinar"


        - ¡Pero si estaba clarísimo! - dijo Espiga con cara de sabelotodo.

        
        - ¡Vamos a la salida! - dijo Ortiga feliz.

        Pero pronto se dieron cuenta de la realidad, estaba todo el castillo sin luz; a oscuras. Habían apagado casi todas las velas.


        - ¡Tenemos la linterna que nos regaló el rey Baikor! - dijo Espín alegremente.


        En el castillo todo o casi todo era mágico y la linterna también lo era. Solamente duraba un minuto encendida y dos minutos apagada. Tendrían que darse prisa cuando estuviese encendida.


        La encendieron y recorriendo los pasillos que antes habían andado y que con la linterna ya quedaban de nuevo iluminados. Al minuto se apagó .

        - ¡Bah!... La linterna que nos regalaron no sirve  para nada - dijo Saltarín, algo enojado.


        De nuevo quedaron a oscuras.


        - ¡También nos regalaron una brújula! - dijo Espiga.


        - ¡Usémosla para que nos indique el camino de salida - dijo Ortiga.


        Pero no sabían tampoco que la brújula también era mágica y que tenía poderes.


        ¡La brújula hablaba!


        Iban a oscuras de nuevo porque la linterna dejó de funcionar. De pronto se escuchó una voz:  ¡Frío, frío!


        Se quedaron mudos. ¿Cómo era posible que una brújula hablase?


        Siguieron el camino a oscuras y otra vez la voz que venía de la brújula: ¡Más frío!


        Pensaron que tal vez si dieran la vuelta hacia atrás...


        Tenían que encontrar la puerta de salida pronto. Caminaron un rato en dirección contraria a la que iban y de nuevo la brújula dijo: ¡Calentito, calentito!


        Al rato se encendió de nuevo la linterna.


        - ¡Ya funciona, ya está arreglada! - dijo Espín.


        Siguieron andando por aquellos pasillos interminables e iban reconociendo algunos cuadros que estaban colgados en las paredes. 


        Hasta los cuadros eran mágicos. En algunos habían personas que les indicaba por donde tenían que ir para encontrar la salida; les decían: ¡Por allí, por allí!


        En uno de los cuadros mágicos estaba pintado el conejito que encontraron antes de subir al gran árbol, aquel que hubiese querido ir con ellos de aventuras.


        De pronto,  Tinky ( que así se llamaba) cobró vida, dio un salto y salió del cuadro corriendo hacia ellos...


          - ¡Hola amigos! ¡Qué alegría encontraros de nuevo! ¿Puedo ir con vosotros? - dijo Tinky.


        - ¿Qué haces aquí? ¿No encontraste a tus padres? - preguntó Saltarín.


        - Pues no, estuve buscándolos toda la mañana y al final estaba tan cansado que me quedé dormido.


        - Cuando desperté me encontré dentro de este castillo. Unos ratoncitos me habían traído hasta aquí. Y cuando quise salir, me encontré en la puerta a dos centinelas que me dijeron una adivinanza.


        - Estaba aturdido, confuso y temeroso. Y como no supe decir la respuesta para la contraseña de salida, me encerraron en el cuadro.


        A todos los que no contestaban las adivinanzas los encerraban en los cuadros.


        - ¿Y cual es la adivinanza que te pusieron Tinky? - dijo Ortiga intrigada.


        - A ver si me acuerdo... ¡Ah, sí! - Era algo así como...


        "Corta y no es cuchillo, afila y no es afilador; él te presta sus servicios para que escribas mejor".

        - Pues...no lo veo tan difícil Tinky - dijo Espiga.


        - Es que estaba muy nervioso y solo pensaba en huir. - dijo Tinky algo más tranquilo.


        - ¿Y qué era Espiga?


        - Pues tu adivinanza era "El Sacapuntas".


        - ¡Ohhh! ¡Qué fácil!


        - Bueno, puedes venir  con nosotros, tenemos ya una contraseña para salir. Encontré una vela y con el humo se veía escrita. - dijo Espín.

        De nuevo la linterna volvió a apagarse y quedaron a oscuras otra vez. Y de nuevo echaron mano a la brújula para que los orientasen.


        Cuando iban caminando por un pasillo, dijo la brújula: ¡¡ Frío, frío!!


        Algunos personajes de los cuadros les decían: ¡Es hacia atrás, es hacia atrás!


        Dieron la vuelta, y al rato dijo otra vez la brújula: ¡¡Caliente, caliente!!


        - ¡Ya estamos cerca! - dijo Saltarín.


        - ¡¡Os vais a quemar, os vais a quemar!! - dijo de pronto la brújula.


        Al final del pasillo vieron la puerta donde estaban los centinelas. Fue entonces cuando Espín se puso delante y les dijo a los dos: ¡Tenemos ya la contraseña de salida!


        - ¿Sabéis entonces la respuesta? ¡Recordad que si la respuesta no es correcta os meterán en los cuadros y no podréis salir! - dijeron los centinelas.


        - La contraseña es...¡¡ El Té!! - dijeron todos a la vez, menos Tinky, que era el único que no se la sabía por no estar cuando la descubrieron.


        - ¡Podéis salir! - dijeron los dos centinelas a la vez.


        - ¡¡ Biennnn!! - dijo Ortiga muy contenta.


        - ¡Qué alegría poder ver de nuevo la luz! - dijo Tinky que creía que nunca la volvería a ver.


        - Ya no nos hace falta la linterna ni la brújula, porque con el sol es suficiente para ver y orientarnos. - dijo Espiga.


        - Pero nos las llevaremos por si acaso nos sirven para otra ocasión. - dijo Espín.


        Emprendieron la marcha hacia el puente de colores y vieron que las flores habían crecido muchísimo, tanto que casi no se veía el cielo. 


        Entonces recordaron que también llevaban unos sombreros cada uno, todos menos Tinky.


        - Nos dijeron que todos los regalos cobrarían vida al usarlos. - dijo Saltarín.


        - ¿Qué tendrán de especiales estos sombreros? - dijo Ortiga.


        Se pusieron los sombreros y al pronto notaron que se hacían grandes y que se estaban elevando del suelo.


        - ¡¡Ehhhh, no me dejéis aquíiiii !! - dijo Tinky asustado.


        - ¡Agárrate a mis patas Tinky! - dijo Espín que era el más grande.


          Tinky iba bien agarrado a las patas de Espin, que era el más fuerte de todos. Cada vez se elevaban más y más del suelo, ya sobrepasaron las flores de colores y subían, subían...


        El viento soplaba fuerte y al mismo tiempo que subían iban alejándose cada vez más del Arco Iris.


        - ¿Pero dónde iremos a parar? - dijo Ortiga asustada.


        - Si seguimos subiendo...¿Cómo bajaremos luego? - dijo también Espiga algo inquieta.


        - ¡Algo tendremos que hacer, no podemos seguir así! - dijo saltarín.


        Espín que tenía bastante trabajo ya con tener agarrado a Tinky sobre sus patas, se le ocurrió una gran idea y dijo: 


        - ¡Ya lo tengo! ¡lanzaré púas sobre los sombreros y les haré algunos agujeros y así irán bajando poco a poco!


        Dicho y hecho, al poco tiempo de lanzar las púas, los sombreros mágicos empezaron a bajar y a bajar. El viento seguía soplando, pero cada vez menos fuerte, hizo que se desviaran del puente del Arco Iris y bajaban al lado del árbol por donde habían subido.


        Patilla y Cerilla al oír tanto ruido, se asomaron y vieron que eran sus amigos los que bajaban de esa manera tan graciosa. Llamaron a todos los familiares que estaban dentro celebrando la fiesta.           


        - ¡Pero si son nuestros amigos! ¡¡Ehhhhhhhhh !!...¡¡adióssssss amigossssssss !!


        - ¡Adióssssss Patilla, adióssssss Cerilla! - gritaron todos.


        De pronto oyeron un tremendo ruido que procedía cerca de donde ellos iban cayendo. 


        Era Abelardo que iba acompañado de sus amigos de la colmena.


        - ¡¡zzzzzzzzzzzzzzzz!! ¡Adiós amigosssssssss! - dijo al tiempo de pasar.


        Llegaron a tierra firme y a Tinky le estaban esperando sus padres que pasaron por allí, y  justo miraban hacia arriba en el momento que vieron caer a todos.


        - ¡Tinky!...¿Dónde te metiste todo este tiempo? ¡Hemos estado buscándote desesperados!


        - ¡Mamá, papá...qué alegría veros de nuevo! 


        - ¡Bueno amigos, muchas gracias por todo y que tengáis feliz regreso a casa! - les dijo Tinky un poco tristón por no poder seguir la aventura con ellos.


        Espin también se despidió de ellos, esperando verlos de nuevo otra vez.


        Se enrolló a sí mismo y se fue rodando ladera abajo. Tropezó con una piedra y dio una voltereta en el aire, al mismo tiempo que la daba vio al ciempiés queriendo atraparlo con sus mandíbulas. Y siguió rodando hasta que quedó parado, se desenrolló y continuó andando...


        - ¡Bueno, pues ya solamente quedo yo! - dijo saltarín.


        - Así que subiros de nuevo a mi cabeza que voy a saltar el charco para dejaros otra vez en el camino de vuelta por donde empezasteis la aventura.


        Así lo hizo, se subió a la rama del árbol donde por primera vez vio a sus amigas venir y con casi lágrimas en los ojos las vio alejarse, hasta que fueron dos puntitos negros lo que se iba perdiendo a lo lejos.


        

        


                                                                  F  i   n




        

martes, 13 de diciembre de 2016

Manque pierda




       En un rincón, guitarrista y palmeros. Quietos. Silencio. Empieza el cante.

       Si hay un argumento en contra de la libertad de Voluntad y a favor del determinismo, encontramos al Betis, su historia y su precaria existencia, como exponente y ejemplo de tal argumento.

       Pero no solamente son mis dudas sobre el determinismo lo que me atrae hacia la paradójica bética; también la superstición, el misticismo, el misterio metafísico que encierra la entidad verdiblanca. Estudiar al betis es estudiar todo un capítulo teológico.
       

       Fue Alejandro, el conquistador,  quien puso la maldición: "No morirás Betis, como intentas. Puedes estar seguro que sufrirás todos los tormentos imaginables".


       Y el Betis, aunque había perdido, no se arrodilló. Y sus seguidores gritaron un "manque pierda"

       De ahí, y desde entonces, procede todo...

       Empieza el llanto de la guitarra, de lejos...soleá por bulerías.

       No hay que darle más vueltas. El espíritu del Betis, indomable guerrero, en una reencarnación surrealista, se antropomorfiza en la organización deportiva que hereda así la maldición de Alejandro.

       ¿Qué Dios, cual mago, podrá librarlo de tal maldición? No es fácil cambiar esa mentalidad manque-perdedora, espartaca, orgullosa de ser esclava del destino y dispuesta a morir por ello.

       Lo mismo podemos decir de los jugadores. mas no de los presidentes. Aunque éstos son efectos, (no causas), que reflejan simplemente la voluntad de los borregos verdiblancos. Los que rompen los carnets. Los que gritan: "manque pierda".

       Cuando lo que hace falta es gritar: ¡Basta!

       Los problemas del betis son endémicos, muy arraigados en su tradición, con una idiotez idiosincrática que los optimistas llaman solera, cuando solamente es aguardiente de garrafa.

       Pero todo no está perdido, ya que de toda circunstancia se puede sacar provecho, y hay vida mientras se tenga esa raya de esperanza en el uniforme.

       Comienzan las palmas, la guitarra sigue llorando monótona, a ritmo...

       El Betis necesita una limpieza biofísica general, una revolución psicológica, una nueva cosmología que le dé nuevos rumbos y ritmos. Meterlo a compás...Porque el betis es un equipo permanentemente fuera de compás.

       Un, dos, tres...

       ¿Qué otra entidad deportiva, plagada de deudas, renueva un estadio que ya de por sí le queda grande? ¿Qué otro equipo al que golean solemne y dominicalmente, a pesar de haber tenido siempre buenos porteros, se empeña en comprar porteros?

       Cuatro, cinco, seis...

       Trae entrenadores de tierras infieles, cuando cualquiera de la localidad garantiza, y por la cuarta parte del dinero, hacer el mismo papel. es decir, ponerlo en segunda.

       Siete, ocho, nueve y diez. Un, dos.

       Con una cantera milagrosa, porque es por milagro y no por diseño que salen buenos jugadores, prácticamente regala jugadores-promesas a otros equipos que después los usan como figuras. Compra entonces figuras de porcelana, que se quiebran en el primer partido y que todo el mundo sabía que iban a quebrarse. Menos los encargados de tales decisiones.

       El Betis viaja como turista despistado en la primera división. Pero fuera de compás. Cuando se encuentra con Barcelona o Madrid, derrocha energía, como buen turista; se embriaga, como buen turista.  ¡Y después viene el Eibar!

       ¡Betis... no sabes quienes son tus enemigos! 

       Te aseguro que no los encontrarás en Madrid o barcelona. Son batallas perdidas de antemano. Úsalas bien, como entrenamiento. Sin arriesgar ni un solo centurión. No rompas a Rubén en el Nou Camp, no rompas a Ceballos en el Bernabeu. Saca a los chavales del banquillo que se vayan fogueando.

       Concéntrate en el Alavés, Gijón, Leganés, Osasuna...que son los que te dan negativitis. 

       ¡Estos son tus enemigos!

       Empieza de nuevo la guitarra, la voz arranca un gemío...

       Vender, si ha de venderse. Explorar las relaciones públicas en el mercado, en las instituciones, en los colegios. Elegir directivos que tengan sentido común; honestos. tan pronto como hagan algo fuera de lo común,  ¡Afuera! Ni tontos ni rateros; no hay tiempo ni ganas para averiguar si son lo uno o lo otro. ¡Afuera!

       
       ¡Viva er Beti!...simple y sin "manques"

       
       
       Me compré una visera de cartón, saqué una entrada de fondo en la calle sierpes, metí el bocadillo de tortilla en una bolsita de el Corte Inglés (porque no había papel de estraza) y me fui andando hacia la Palmera porque no había tranvías.