lunes, 6 de marzo de 2017

Y al otro lado...tú.

                                 
     
                                        


          Estaba de pie junto a la ventana de su cuarto, unas gotas finas de lluvia comenzaron a caer...veía cómo  resbalaban sobre el cristal dejando un estampado de perlas que regateaban buscando a otras hermanas. Su cuerpo estaba inerte; incapaz de reacción alguna.

           Tal vez pensaba con nostalgia en aquella otra vida, en la que inquieto imaginaba recordando...o acaso lo pretendía. Se convencía que no era del todo posible; algo le impedía ver su imagen con nitidez.

          Ahora se acomodaba a lo que fuera deparándole las circunstancias. No le apetecía la idea de salir de casa, pero al ver que ya no llovía, decidió hacerlo en el último suspiro.

         Andando fue sin rumbo; sin tener un punto determinado donde ir. Así estuvo deambulando  durante largo rato,  sin saber cómo, se adentró por unos callejones tan estrechos que casi se podían tocar las paredes opuestas con los brazos extendidos.

          Enseguida una plaza, pero no una plaza cualquiera, era como un enorme patio, no había fuente ni adornos. Pero un banco donde sentarse, al hacerlo fue entonces cuando observó que la plaza era como un rectángulo lleno de arcos, y que cada arco estaba sostenido por dos columnas de mármol de arquitectura ambigua entre romana y gótica. Demasiado rico para convento, demasiado callado para escuela.

          Podría ser casa particular si no fuera por el número de puertas. Ninguna familia por numerosa que fuese tendría necesidad de usar tantas.

          Podría se museo de no sé qué arte o artesanía, pero hay demasiada luz natural. Los museos prefieren la penumbra.

          Absorto en una nube imaginaria de su mente estuvo allí sentado en aquel solitario banco durante mucho tiempo, observando aquella plaza, aquella arquitectura, aquel rincón, sin saber siquiera cómo había llegado hasta allí, qué le condujo a ese lugar. Se dio cuenta que se levantó, pero sus pensamientos quizás estuviesen en otra dimensión.

          Empezó a andar camino hacia su casa, sin prisa alguna. Hasta hubo un instante en que confundió el lugar de regreso. Por fin llegó, se acomodó en el sillón, encendió la televisión. La miraba pero no la veía, es como si no estuviese, era como un espejo en el que se reflejaba su alma.

          De pronto recordó que un amigo le dijo que si alguna vez se sentía sin ánimos o algo triste, que intentara entrar en una sala de esas de charlas por internet, que así pudiera no sentirse tan solo.

          Casi sin querer, como un pasatiempo más, un..."A ver qué pasa". Y todo empezó con un: "Hola" y poco a poco fue convirtiéndose en frases algo más dilatadas; las conversaciones se volvieron más extensas e intensas.

          Llegaron a ver sus caras y sus voces a través de una cámara, pero aún notaban que la sensación no producía el suficiente calor; no sentían esa emoción; sabían que faltaba algo, anhelaban ese "algo" que avivara y motivara ese empuje para romper el desasosiego que sentían.

          Decidieron que tenían que verse, aunque la distancia era grande, pero cuando hay deseo...no importan lo largas que sean, lo importante era la presencia física.

          Y llegó el día...

          Se citaron en un parque en el cual había gente por todos lados, niños correteando...y la vio venir. ¡Guapa! - pensó - el corazón le latía a revoluciones que nunca antes había sentido, sus miradas se encontraron y se dieron un beso, en ese momento el ruido de gente y niños jugando había cesado; ya no estaban en un parque...estaban en la gloria. 

          Tantas cosas que se habían dicho, tantas cosas que decir, que...no se dijeron nada. Estuvieron observándose durante varios minutos, no querían romper la magia del momento.

          Y la llevó a esa plaza y se sentaron en ese banco...y cuando empezaron a hablar ya no hubo manera de que parasen de hacerlo, todo eran lisonjas el uno hacia el otro, el timbre de su voz para él era pura música celestial, así estuvieron horas y horas hasta que la noche se les echó encima y..

          
          Pero esta historia es común de otras muchas, quizás sea la tuya...




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